Ciudad del Vaticano 05 feb 2020 (Lat. News) – El Papa Francisco intervino hoy en un fuera programa, durante la cumbre en la Pontificia Academia de las Ciencias, recordando que el mundo de hoy es rico y que “no existe un determinismo que nos condene a la inequidad universal”.

Y citando a Juan Pablo II indicó: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras”.

No se puede pretender que las deudas contraídas -escribe Juan Pablo II en la Centesimus annus- sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso”.

Y añadió que “De hecho, los Objetivos del Desarrollo Sostenible aprobados por unanimidad por todas la naciones también reconocen este punto, y exhortan a todas los pueblos a ‘ayudar a los países en desarrollo a lograr la sostenibilidad de la deuda a largo plazo a través de políticas coordinadas destinadas a fomentar el financiamiento de la deuda, el alivio de la deuda y la reestructuración de la deuda, según corresponda, y abordar el problema externo deuda de los países pobres muy endeudados para reducir la angustia de la deuda'” (ODS 17.4).

En la conferencia internacional en el Vaticano, que reunió hoy a estudiosos y economistas de diversos países se titula: “Nuevas formas de fraternidad solidaria de inclusión, integración e innovación, el Papa invitó a “construir puentes que favorezcan el desarrollo” y de la necesidad de “una mirada solidaria desde los bancos, las finanzas, los gobiernos” en “las decisiones económicas”.

Citó también algunas cifras de informes oficiales: “El ingreso mundial de este año será de casi 12.000 dólares por cápita. Sin embargo, cientos de millones de personas aún están sumidas en la pobreza extrema y carecen de alimentos, vivienda, atención médica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios de saneamiento adecuados e indispensables”.

Basado en los mismos datos indicó que entre ricos y pobres la brecha se ha ampliado “hasta convertirse en la mayor de la historia” al punto que las “50 personas más ricas del mundo” podrían “por sí solas podrían financiar la atención médica y la educación de cada niño pobre en el mundo, ya sea a través de impuestos, iniciativas filantrópicas o ambos”.

Indicó también que “a la globalización de la indiferencia la he llamado “inacción” pero que Juan Pablo II la llamó: estructuras del pecado”.

El Pontífice recordó además que “la Iglesia celebra las formas de gobierno y los bancos —muchas veces creados a su amparo— cuando cumplen con su finalidad, que es, en definitiva, buscar el bien común” si bien “pueden decaer en estructuras de pecado”.

Sobre la deudas contraídas por los gobiernos recordó que “las personas empobrecidas en países muy endeudados soportan cargas impositivas abrumadoras y recortes en los servicios sociales, a medida que sus gobiernos pagan deudas contraídas insensible e insosteniblemente. De hecho, la deuda pública contraída, en no pocos casos para impulsar y alentar el desarrollo económico y productivo de un país, puede constituirse en un factor que daña y perjudica el tejido social”.

Señaló también que “la mayor estructura de pecado es la misma industria de la guerra, ya que es dinero y tiempo al servicio de la división y de la muerte” e invitó a trabajar “juntos para terminar con estas injusticias”.

Hacia la conclusión de sus palabras señaló que “una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que todos se comprometan a trabajar juntos para cerrar las guaridas fiscales, evitar las evasiones y el lavado de dinero que le roban a la sociedad, como también para decir a las naciones la importancia de defender la justicia y el bien común sobre los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas (que terminan por asfixiar e impedir la producción local)”.

Al terminar sus palabras invitó a reflexionar sobre “la oportunidad que significa poder “cambiar el curso de la historia en beneficio de la dignidad de cada persona de hoy y de mañana, especialmente de los excluidos y en beneficio del gran bien de la paz”.

H. Sergio Mora


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