El País.com  – Desde la paladar (restaurante privado) más famosa de La Habana, frecuentada por las celebridades que visitan la isla, al más humilde fosforero (persona que recarga mecheros), todas las actividades económicas englobadas bajo la etiqueta del cuentapropismo, o trabajo por cuenta propia, han experimentado un espectacular auge en Cuba en los últimos años. Tanto, que el 7 de diciembre entrarán en vigor nuevas regulaciones para ordenar este resquicio de propiedad privada que aglutina a emprendedores, profesionales autónomos y simples sobrevivientes, como los modestos fosforeros o las mujeres que venden zumo a la puerta de sus casas. El éxito del cuentapropismo —un cajón en el que también caben tiendas de ropa cool, organizadores de fiestas de quince años, manicuristas o exitosos dulceros— amenazaba con desbordar el cauce oficial de planeamiento económico del país. Crecimiento sí, pero con orden y concierto, es hoy la consigna oficial. Leer todo


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